¿Se pueden acabar las pensiones en España?
En tiempos de crisis parece debatirse sobre casi todo, parece que cuestiones que son casi imposibles de debatir en otras épocas o que son asumidas socialmente como incuestionables ahora, por la situación económica, pueden volver al debate social.
Este es el caso de las pensiones y el estado de la Seguridad Social. Después de muchos años de superávit en las cuentas de la Seguridad Social ya hay quien alerta de la posibilidad de que en el 2009, ésta cierre en números rojos. El hecho de que el número de parados esté aumentando a marchas forzadas (3.600.000 y con perspectivas de alcanzar los cuatro millones en poco tiempo) y el gran número de pensiones que se pagan serían los motivos. El aumento paulatino de la esperanza de vida de los españoles acarreará además que se paguen más pensiones de jubilación en el futuro.
Fue Miguel Ángel Ordóñez, gobernador del Banco de España quien hizo este anuncio y lo unió a algunas propuestas que son, hoy en día, absolutamente antisociales, como son retrasar la edad de jubilación, de los 65 a los 67 años.
Otra de las medidas que propone es ampliar el cálculo de las pensiones de jubilación teniendo en cuenta los últimos 25 años y no los 15 que se utilizan ahora. Claramente esta medida conllevaría una reducción en las cuantía de las prestaciones generalizada ya que, como norma general, los últimos años de vida laboral son aquellos en los que los trabajadores tienen los sueldos más altos.
Los sindicatos se han lanzado a desautorizar estas opiniones, el Gobierno, a través del ministro de Economía, Corbacho, también ha puesto el grito en el cielo y la patronal, aunque más tímidamente, también ha dicho que estas medidas deberían estudiarse siempre dentro del Pacto de Toledo.
Aunque hoy en día ese debate cuenta claramente con la oposición de la mayor parte de la sociedad y de los agentes sociales y económicos implicados, lo cierto es que la estrategia parece clara: el miedo en la sociedad podría acarrear que aquello que en otro momento ni se plantearía llega a la calle y empieza a debatirse. De ahí a que se empiecen a aceptar ciertas medidas impopulares como una solución que no gusta a nadie pero necesaria para solventar la situación no falta nada.
Con el tiempo lo veremos.
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